Xi y Trump escenifican una cumbre de estrecha sintonía personal

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Xi y Trump escenifican una cumbre de estrecha sintonía personal

El estadounidense ensalza al chino como un «amigo» y «gran líder» al comienzo de su visita oficial a China

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El presidente de China, Xi Jinping, estrechando la mano del líder estadounidense, Donald Trump
El presidente de China, Xi Jinping, estrechando la mano del líder estadounidense, Donald Trump. (AFP)
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Jaime Santirso

Jaime Santirso

Corresponsal en Pekín

14/05/2026 Actualizado a las 06:18h.

La visita oficial de Donald Trump a China, la primera de un presidente estadounidense en nueve años, aspira a afianzar la tregua entre ambas superpotencias, expresada en términos de sintonía personal entre sus respectivos mandatarios. Así lo ha plasmado el primer y más importante acto del viaje: el encuentro bilateral con Xi Jinping.

El líder chino ha ofrecido a su invitado la tradicional recepción militar frente a las escalinatas del Gran Palacio del Pueblo. Durante la ceremonia, ambos han conversado más de lo habitual e incluso han intercambiado gestos físicos de cercanía, como tocarse el brazo en repetidas ocasiones, algo inusual en este tipo de actos.

Uno y otro se conceden deferencias que no extienden a otros interlocutores, reflejo de un contexto global donde prima menos el multilateralismo que la fuerza percibida de la contraparte. El régimen chino, además, ha descubierto que con Trump se vive bien; sus élites lo consideran un «acelerador de la decadencia política de Estados Unidos» —según un informe del Instituto Chongyang de Estudios Financieros— y, por ende, un impulsor del auge de China.

«Que China y Estados Unidos puedan o no superar la llamada trampa de Tucídides, abrir una nueva forma de relaciones continentales, afrontar juntos los desafíos globales e inyectar más estabilidad al mundo, atender al bienestar de los pueblos de ambos países y al futuro de la humanidad, y abrir conjuntamente un hermoso futuro para las relaciones entre ambos países. Estas son las preguntas de la historia», ha planteado Xi en su intervención inicial. «También las respuestas de la época que usted y yo, como líderes de grandes potencias, necesitamos escribir conjuntamente».

El líder chino también ha recurrido a su habitual figura retórica de «los cambios nunca vistos en un siglo» ante la sonrisa atenta de Trump, a quien muchos señalan como catalizador de esos cambios. «Siempre he considerado que los intereses comunes entre China y Estados Unidos son mayores que las discrepancias, que el éxito respectivo es una oportunidad para el otro, que la estabilidad de las relaciones es un interés para el mundo. Si ambas partes cooperan, ambas se benefician; si luchan, ambas resultan perjudicadas. Debemos ser socios y no adversarios», ha añadido.

Intercambio de papeles

«Es un honor ser tu amigo, y vamos a lograr que las relaciones sean mejores que nunca», ha enfatizado Trump en su réplica. «Hace mucho que nos conocemos, tenemos la relación más larga entre presidentes en la historia de nuestros países. Eso es para mí un honor. Tenemos una relación fantástica. Nos llevamos bien y cuando hemos tenido dificultades lo hemos solucionado; tú me llamas a mí o yo te llamo a ti, la gente no lo sabe, pero cuando hemos tenido algún problema lo hemos arreglado muy rápido», ha insistido.

«Eres un gran líder, se lo digo a todo el mundo; a veces a la gente no le gusta que lo diga, pero lo digo de todos modos porque es verdad». El estadounidense ha destacado también las personalidades de su delegación, que incluye a magnates como Jensen Huang (Nvidia), Elon Musk (Tesla) o Tim Cook (Apple), entre muchos otros.

«Voy a pedirle al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que 'abra' China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia y ayudar a llevar a la República Popular a un nivel aún más alto. De hecho, prometo que, cuando estemos juntos, lo cual será cuestión de horas, haré de ello mi primera petición. ¡Nunca he visto ni oído ninguna idea que sea más beneficiosa para nuestros increíbles países!», adelantaba ayer Trump mediante una publicación en su red social Truth.

China, por su parte, acude a esta cita con la prioridad de debilitar el apoyo de EE.UU. a Taiwán, la democracia autónoma de facto a la que considera una región rebelde que nunca ha renunciado a someter por la fuerza. Sus aspiraciones pasan porque Trump exprese su rechazo a la independencia del territorio, un logro a cambio del cual podrían ofrecer cuantiosas adquisiciones de aviones Boeing o productos agrícolas.

Todo ello arroja una llamativa paradoja. La presidencia de Trump, que ha dejado de lado la combatividad que caracterizó su primer mandato y el comienzo del segundo, ha invertido los términos históricos de la relación: ahora es China quien aspira a lograr cambios políticos, mientras EE.UU. pretende centrarse en la economía.

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